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3/26/2011

Esa necesidad de los flujos


Esa necesidad de los flujos.

Mi nariz tapada. Se cerró otra de las vías donde fluido y energía se intercambiaban en vida. Se me curtió un canal de conexión, mi nariz. Y eso afecta mis ojos, mis oídos, mi pecho. Me siento externa cuando enfermo. Se abre la cajita de pandora por esa gran contención de fluir. Se transforma en llave. Mi cuerpo se analiza, se desdobla y se mira. Luego juzga, se desplaza a la solitaria figura de la razón y vuelve a quitarse las costras mnémicas. Empezamos de nuevo.

¿Cómo dejar ese conjunto sin cerrar? Cauterizar, cerrar, un momento que se desborda. Un bi-camino entre lo que hacer y lo que desear. Superar. Superarse en todo sentido. Y por la cresta que te echo de menos. Siempre echo de menos. En parte por mí, y otra gran por ti. La Bjork no me ayuda nada. Ni su posible amor tampoco. ¿Cómo abandonar esta, la neurosis? La neurosis, ese espacio al que me acostumbre a liberar mi libido furiosa. La instancia en donde me masturbo con mis lágrimas. Donde me siento un poco viva, algo de vida negativa, como esa vida que es vida porque precisamente no es muerte, y uno se mantiene allí, en la pitilla melancólica masturbándose, repito, finalmente con el absoluto. Y que más se puede hacer si la rabia no tiene destino, si el morbo no tiene destino foráneo, ni vestido ni condón anti-mundo. Es un acto pornográfico a la inversa. Narcisista hasta la vena cava que, sarcásticamente, no puedo ver. ¿Es uno narciso si la hostilidad cercenó la mirada desde un principio? ¿Cómo se puede amar a uno mismo y ser un egoísta, si las vertebras de la vida se forjaron de fuera hacia dentro? ¿Si me instalé centrifuga en un acto de sobrevivencia? No, no me pueden juzgar egoísta si trabajo el salir, casi contra esquizofrénica, al mundo de los enchufes y las realidades matéricas. Realmente lo hago. Desgasta. Y la desconexión, la falta de una eficaz conexión, no entre yo y el mundo, sino entre yo y la forma en cómo ingreso a ese mundo, me produce angustia. Inevitablemente me sigue, el mundo, externo, aún tocando con mis dedos lo que debería, debería en ese 99% de efectividad tecnológica, aparecer en la pantalla. Proyección y efectividades. Efectividades, y correspondencia. Los errores, problema de lógica, en ese acto que si considero egoísta: la dominación y estrategia de ese desborde transeúnte que nos hace aparecer.


11/12/2010

let my fish loose

Actuar como si nada estuviera en su lugar, juego,
la incomodidad inducida puede ser tan placentera,
teóricamente excitante,

pero, cuando en la noche se mira a los pajaritos y animales varios de papel que cuelgan sobre la cama (ahí, moviéndose), un ideal de completud se retuerce en el pecho abierto, como si la vertiginosa ansiedad de sentirse seguro (que sensación más extraña) rasguñara como una tiza disonante versus la afección de un cuerpo que no se puede, un cuerpo enfermo, tuberculoso. Y es ahí, cuando se decide la vida, en los lugares comunes que nos atacan, y se nos vuelcan como dañinos. Darse vuelta y dormir o sufrir de taquicardias apestosas. Que mierda de estado.

que se pierda el pez.....




Aphex Twin - Let my fish loose

lou | Myspace Video

11/11/2010

sur. y local


cuando se sopla muy fuerte, folículos gritan
se desvanece,abyecto,un pájaro magullado
la cara, merma de riveras borrascosas,
impenetrable.

desborda el cuerpo que se adelanta
retrocede la ganancia a propósito
reserva aislada, queridos..
protegidos

se liberan desde los cuescos
anélidos vaporosos
tocados por la inadvertencia
de miembros insistentes

boquilla raspada de un ultimo óxido
latencia oblicua, el graznido agudo
de poros que se retuercen
en su mínimo silencio


10/15/2010

E.

Más allá un hombre cuya pulcra investidura contrasta con la de E. la apunta de manera inequívoca desde el rincón de una habitación. El hombre blanco (así lo denomino E.) había realizado una serie de movimientos ornamentales previos. El ritual del juicio consto -exactamente a la anterior seis de la tarde- en la presentación de palabras en lenguaje sordo mudo. E. no pudo comprender. Antes de cuestionar su incomprensión el dedo punzante ya estaba sobre ella, violentando lo que ella concebía como su inmediato ser: una esfera cuyas directrices se dirigían tanto al exterior como al interior formando una madeja acuosa. E. había perdido uno de esos hilos y ahora este osaba dirigirse a ella con un ego propio. Como si un verbo solo actuara por sí mismo sin esa autorización, la de ser utilizado. E. perdió el control. Después de eso solo sintió como la esfera enraizaba de una manera tortuosa las vísceras del cuerpo, como si la indumentaria medieval remeciera cortes en sus pliegues ya secos. Pensó. Luego cedió. Se desmembró múltiples veces, en el radio infinito que un cuerpo-madeja podía soportar. E. condescendiente, asume parte de la tragedia llamada expiación y sacrificio heroico. Pathos.

No pudo escuchar, el tintineo imperceptible de su casco separándose de uno de sus cabellos. El hombre blanco -sonriendo- se desvanece en la medida que esto sucede.

La madre de E. tenía la costumbre de tironear amorosamente aquellos cabellos que superaban la porosidad de los otros. Lo hacía, desde la intuición de E., a modo de selección –natural- de lo bello. De lo táctilmente bello. “Y es qué – E. pensó- el higiene de la forma proviene desde la cuna de las amas de casa, engañadas por mas y mas imágenes de una economía ante la imperfección que apunta inevitablemente a este ideal barato de la perfección…”. E., balbuceos inteligentes. Su madre se retiro rápidamente de su lado al ver que ya estaba despierta. Para ella, este gesto solo era un acto reflejo. Sacar cabellos significaba, en su percepción de madre, expiar sus pecados y los de su hija. Inconsciente, simbólicamente, retirar de ella el peso de su cruzada de vivencias mártires. El pecado original ciego. Para ella su hija había tomado de la manzana prohibida más que un solo trozo.

Olvidando ya la estela cálida de su madre que se alejaba por el dintel de la puerta de entrada, E. decidió no seguir durmiendo. “Aquellas pesadillas – se reincorporó - habían llegado demasiado lejos. Estoy siempre cansada, dormir con luz no es realmente saludable. La oscuridad consume los hábitos de un mortal productivo. Sin embargo para mis ojos asienta un respiro de comodidad. Si solo aprendiera a controlar mis ojos en la medida que el paso de la luz no me lastimara tanto. -desviando estas ideas- Si tuviera lentes o quizás un buen antihistamínico, un poco de preocupación externa... ”

Dieron las nueve menos quince, otra vez llegaría atrasada.